
Después de la inauguración de la web gubernamental aliens.gov de la Casa Blanca del gobierno de los Estados Unidos, me alcanzaron algunas comprensiones que quiero compartir con mis lectores; y básicamente la idea es mostrar cómo el eje de lo que hoy llamamos valentía se ha desplazado con el tiempo, quizás porque también se ha desplazado la noción de autoridad.
Lo que antes requería valentía porque significaba el «suicidio social» o el ridículo, hoy se ha convertido en entretenimiento de masas o incluso en una vía para ganar prestigio, clics, seguidores y dinero, mucho dinero. En cambio, las verdaderas batallas de la valentía actual se libran en terrenos donde las consecuencias reales —la cancelación, la pérdida del empleo, el aislamiento social o la etiqueta de «radical»— son inmediatas.
La valentía siempre se mide por el costo de decir la verdad o hacer lo que el corazón dicta. Si decir algo te reporta likes, aplausos o un contrato para un podcast, ya no es valiente; es comercial. Si decir algo te cuesta la reputación o te enfrenta al poder real, ahí hay valentía.
¿Nunca te has preguntado qué causa tantos podcasters, programas y canales de televisión al estilo de la CNN, documentales, cine y una lista sin fin de productores de contenido, reales o de ficción, verdaderos o falsos?
El sistema mercantil totalitario no ha destruido la mística; la ha engullido y codificado, empaquetado y transformado en un motor financiero que mueve miles de millones de dólares al año.
Una vez, yo estaba en el río de San Ramón, en el “Valle de los Espejos”. Había organizado un evento gratuito al que denominé “Caminata Consciente”. Durante el descanso hicimos un conversatorio y uno de los asistentes, ingenua y sinceramente, me dijo: “A mí me gustaría trabajar de la mística”. Fue ahí cuando caí en la cuenta… tal era la aspiración de muchos: servirse a sí mismos antes de servir a la humanidad de forma altruista. Y es que la mística está para que la sirvamos a ella y no al contrario, pero este no es el tema ahora…
El asunto es que, a nivel mundial, el mercado global de la astrología y los servicios místicos/esoterismo ha superado los $12,000 millones de dólares anuales, impulsado de manera masiva por las aplicaciones móviles (como Co-Star o The Pattern) y la personalización digital.
Por otra parte, solo en los Estados Unidos, la industria de servicios psíquicos y astrología generó $2,300 millones de dólares. El sector emplea a más de 105,000 personas en ese país y ha mantenido un crecimiento sostenido superior al 4% anual desde la pandemia. Los estudios señalan que el 27% de los adultos en EE. UU. cree en la astrología. Sin embargo, en el nicho de mujeres jóvenes (18 a 29 años), la cifra se dispara al 43%, convirtiéndolas en el principal motor económico de este mercado.
En la «Economía del Bienestar Mental» (Mental Wellness) es donde las grandes corporaciones han absorbido la mística oriental (meditación, retiros espirituales, cristales, mindfulness y sanación energética) y la han fusionado con el mercado de la salud.
A nivel mundial, el bienestar mental y espiritual forma parte de la Economía Global del Bienestar (Global Wellness Economy), la cual alcanzó un récord histórico de $6.8 billones de dólares. Dentro de este gigantesco pastel, el sector específico del Bienestar Mental (que incluye meditación autoguiada, retiros, plantas medicinales, apps de bienestar y productos energéticos) se posiciona como uno de los de más rápido crecimiento, expandiéndose a una tasa promedio del 12.4% anual.
Fuente: Global Wellness Institute (GWI), a través de su monitor global de economía (Global Wellness Economy Monitor).
No voy a continuar sobre esto porque tampoco quiero aburrir; lo único que pretendo con este escrito es mostrar que el sistema totalitario mercantil no combate la mística ni la ufología; la rentabiliza.
Difundir el tema OVNI ya no es peligroso porque genera clics; consumir astrología o ir a un retiro espiritual no desafía al sistema, sino que lo alimenta (comprar la app, pagar el retiro, adquirir el cristal). Por eso, la verdadera valentía actual no está en consumir estas formas de «espiritualidad permitida y comercial», sino en criticar las estructuras económicas y los regímenes que usan estas industrias para mantener a los ciudadanos sumisos, hiperindividualizados y consumiendo respuestas empaquetadas.
Hoy la situación es diferente. No necesariamente porque el fenómeno haya sido demostrado, sino porque el tema se ha normalizado. Gobiernos, medios de comunicación, militares y científicos hablan de UAP. Existen audiencias, congresos, documentales, canales especializados y mercados de la comunicación enteros construidos alrededor del tema. En muchos casos, hablar de OVNIs ya no genera sanción social, sino prestigio, seguidores, monetización o notoriedad.
Sin embargo, hoy en día la valentía se halla en cuestionar las estructuras de poder económicas, ideológicas o tecnológicas que moldean las creencias de las personas. ¿Por qué? Porque las creencias se transforman después en comportamientos… pero esta es otra historia…
Y quien es valiente hoy en día, lo es porque se enfrenta a:
- Políticas migratorias en EE. UU., por ejemplo.
- Defender la soberanía de los cuerpos frente a las corporaciones farmacéuticas: Criticar la medicalización excesiva de la sociedad o dudar de las políticas de salud masivas e impuestas sin debate abierto. Desafiar al complejo médico-industrial hoy es sinónimo de ser cancelado.
- La defensa de la familia o los vínculos tradicionales: En plena era del hiperindividualismo (donde el sistema quiere ciudadanos aislados que solo consuman), defender el compromiso a largo plazo, la maternidad/paternidad sacrificada o los valores comunitarios tradicionales se lee a veces como algo «retrógrado» o «anticuado».
- Aquí entra criticar tanto los excesos del progresismo (agenda woke) como los excesos del nacionalismo cuando corresponda.
- Cuestionar el consumismo cuando toda la economía está organizada para producir consumidores.
Esa misma noche, en los arenales del “Valle de los Espejos”, otra persona, también muy entusiasmada, continuó después del chico: “Yo estudié tarot y, después de agarrarle la mano, pienso comenzar a cobrar”.
La verdad, me dio pena cuáles eran sus objetivos específicos. Pero el quid del cobrar o no cobrar, en el fondo, no pasa por quienes se ganan un dinero para vivir el día a día o para aliviar el bolsillo, sino por quienes explotan la ingenuidad de los demás por medio de la mentira y la manipulación para sostener fortunas.
En efecto, mientras nos mantengamos entretenidos debatiendo sobre lo que la propia Casa Blanca ya normaliza en sus webs gubernamentales, o consumiendo relatos de lo oculto financiando canales millonarios, el sistema duerme tranquilo. El poder no te va a castigar por mirar al cielo en busca de luces, ni por comprar un cristal de sanación; te va a castigar si miras hacia abajo y desarmas los engranajes económicos que nos deshumanizan.
La valentía, por definición, nunca puede ser cómoda ni reportar dividendos inmediatos. Siempre se ha medido, y se medirá, por el precio que estás dispuesto a pagar por no traicionar lo que dicta el corazón.
Ayer fue de valientes hablar de lo desconocido; hoy, lo verdaderamente revolucionario es defender lo humano en un mundo que prefiere transformarnos en simples e hiperindividualizados consumidores.
Las creencias mueven comportamientos, es cierto, pero la valentía es la que decide si esos comportamientos nos liberan o nos siguen encadenando al mercado.
Nos vemos en la próxima caminata consciente…

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