Ir a comprar un paquete de fideos puede tener consecuencias inesperadas para mí; caminar me ayuda a pensar y, por eso, los fideos pueden ser una buena excusa.
Mientras me preguntaba si comprar corbatitas o tallarines, recordé cómo, a lo largo de la historia, el fenómeno OVNI ha sido interpretado según el lenguaje cultural dominante de cada tiempo.
En la antigüedad, lo extraterrestre se asociaba a los dioses o a los ángeles; hoy se lo vincula con naves que se mueven en agujeros de gusano, inteligencia artificial, Matrix, simulaciones o tecnologías avanzadas. Sin embargo (afortunadamente), el misterio no desapareció, pero su contexto explicativo se tecnologizó.
Lo anterior no sería el problema en principio; el asunto es que en nuestra época ocurre algo más preocupante, creo.
La tecnología misma ya no está orientada prioritariamente al desarrollo humano, sino subordinada a la lógica del mercado, la competencia y la rentabilidad. En este contexto, el fenómeno OVNI no solo se “tecnologiza”: también se mercantiliza, como la ciencia misma lo ha hecho.
La salud es otro ejemplo: esta pasó de ser un bien humano a transformarse en uno de los bienes del mercado.
Así, lo anómalo se convirtió en contenido, en espectáculo, en marca, en producto y en capital tecnológico gracias a la ingeniería inversa.
De esta manera, el misterio OVNI dejó de incluir preguntas existenciales por nuestro lugar en el cosmos, pasando a ser un recurso dentro de la economía de la tecnología y, ahora, del espectáculo: algo que genera clics, audiencia, prestigio, presupuestos o monetización.
Así, el fenómeno OVNI funciona como un espejo del tiempo cultural humano, de nuestras aspiraciones y ambiciones, mostrándonos (inclusive) cómo el misterio ha sido colonizado por la lógica del mercado.
De lo espiritual-religioso a lo científico-mercantil…
Al final ni corbatitas ni tallarines: un plato de arroz…
Nota al final:
Casos como la Esfera de Buga muestran cómo una anomalía puede convertirse en objeto de creencia, marketing y promesa de revelación.
Creo que el verdadero desafío no es corroborar rápidamente si “es extraterrestre”, más bien, es preguntarnos por qué necesitamos que lo sea…

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